Cada vez que una disciplina artística pierde la llama de la inspiración, que se ve debilitada por la endogamia intelectual y sus principios rectores devienen en rancia tradición, un ala radical aparece finalmente para hacer volar todo por los aires y empezar la reconstrucción desde los cimientos. Los Jóvenes Pistoleros de la ultramaratón eran como los escritores de la Generación Perdida de los años 20, los poetas beatniks de los cincuenta y los rockeros de los sesenta: eran muy pobres y eran ignorados y por tanto libres de cualquier atadura y expectativa. Eran artistas del cuerpo, jugando con la paleta de la resistencia humana.
Palabras extraídas del libro NACIDOS PARA CORRER de Christopher McDougall
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