lunes, 9 de mayo de 2011

Porque está ahí

¿Cuántas veces nos hemos planteado desafíos que sabemos nos van a doler? ¿Cuántas veces creemos que esa vez va a ser diferente? ¿Cuántas veces elegimos aquella cumbre que sabemos nos la va a hacer pagar? ¿Por qué sufrimos un día de entrenamiento y al otro volvemos sin pensarlo?
¿Por qué sometemos  nuestro cuerpo a sufrir?
¿Por qué conociendo el esfuerzo que se necesita y habiendo sufrido tanto volvemos al mismo lugar?
Se nos acalambran los gemelos, nos falta el aire en la pileta, o el viento tiene una batalla personal y directa con nosotros.
Todos alguna vez nos prometemos nunca más volver a sufrir lo que ese día...
Sin embargo, siempre volvemos a la meta, a esa largada llena de sueños, siempre volvemos a sufrir en esa vuelta de natación o en esa pasada de 1000 metros de pedestrismo. Siempre volvemos a esa curva donde el viento nos espera para darnos su batalla personal, siempre volvemos a salir en ese invierno que te congela los dedos del pie y te perfora la nariz.
Cuando le preguntaron a George Herbert Leigh Mallory, escalador y montañero que fue parte de las primeras expediciones al Monte Everest por qué subía esa montaña, porque corría ese peligro de muerte y se sometía a tamaño esfuerzo él respondió:
 “Porque está ahí”.
Ahí esta nuestra meta, nuestro desafío, ahí está aquello que nos hace vibrar, que nos hace sentir que vivimos y somos alguien dentro de este mundo infinito, ahí esta nuestro complemento, lo que nos hace ser lo que somos, ahí está...porque si, porque está ahí.

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