En los años que jugué al rugby los entrenadores y preparadores físicos hablaban del entrenamiento invisible, decían que era igual de importante un buen entrenamiento y una buena preparación física que comer bien la noche anterior a un partido, dormir bien, ir al gimnasio entre semana y a solas y hasta elongar en la ducha después de cada jornada intensa.
Cuando comencé a correr carreras de aventura, triatlones y más que nada cuando me tocó preparar el Ironman el entrenamiento invisible se volvió el doble de importante. ¿Por qué invisible? Por que nadie lo ve, es algo tuyo, algo que hacés a solas y qué pareciera no tener impacto en el entrenamiento diario. Y a nadie le importa que lo hagas o no.
Justamente es todo lo contrario.
El entrenamiento invisible se logra cuando en vez de bañarte y pasar a otra cosa después de una jornada ardua, te quedas elongando y repasando cada músculo, sabiendo que la elongación te va a permtir entrenar mucho mejor al otro día y va a evitar lesiones y sobrecargas.. El entrenamiento invisible se logra cuando te quedas solo frente a la heladera con dulce de leche, sobras de helado o queso y resistís la tentación sabiendo que la comida es EL COMBUSTIBLE clave que tenemos para vivir y para entrenar. Se logra también cuando una vez que caíste en la tentación de un asado con vino, al otro día te levantás y volves a arrancar con tu disciplina, en vez de estar 4 días siguiendo en la ruta de los excesos sólo porque crees que perdiste la línea y hace falta mucha organización para recuperarla.
Y ahora la vida invisible...¿cúantas veces ahorramos en comida de calidad en el supermercado para "gastar" menos y después le ponemos la mejor nafta al auto, sabiendo que ambas son el combustible necesario? ¿Cuántas veces llevamos el auto al taller o pagamos un estacionamiento techado y mezquisamos una ida al gimnasio o la pileta para ahorrar? El auto recibe toda la atención en un taller y nosotros no somos capaces de ir al médico a que chequee nuestra salud general... la vida invisible nos invita a cuidarnos un poco más, a escuchar nuestro cuerpo, a salir a correr, a caminar, a hacer yoga, a pintar, a hacer cualquier cosa que nos relaje, que nos haga sentir vivos y que nos aleje del estrés constante de esta vida que corre a mucha velocidad y que no nos deja pensar. Nuestra mente depende de la salud de nuestro cuerpo y nuestro cuerpo depende de los caprichos de la mente, escuchemos a ambas y cuidemos nuestra vida.
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